Que se sufre más cuando ya no se ama, que cuando ya no se siente "eso", es lo peor, de eso me percaté recien ahora. Que duele más mentirse, forzarse a algo que no, que no es más, que se fue, que existió y fue de lo más real que sentí en mi vida.. ¿Pero, cuando ya no está? Que se hace, que se dice, ¿qué? Eso tendré que descubrirlo de ahora en más.. pero no te imaginás el vacio que queda, después de tanto.
Nunca fuimos de esas parejas perfectas, ni de película, ni de revista, eramos y estábamos por costumbre, creo yo (o quiero hacermelo creer). El tiempo nos fué ganando, y yo me fuí alejando secretamente. Cuando una hace eso inconcientemente algo debe significar, yo núnca entendí si fué algo que quise o se dió asi.. en fin, eramos diferentes, de mundos diferentes, vivíamos diferente, y de algúna manera encontramos el motivo para conseguir seguir juntos, y querernos de la forma en que nos queríamos. Creo que núnca quise a nadie tan sinceramente, fué algo que se me dió así porque si, no era de mi conveniencia, no era para mi, y yo lo amé, lo amé mucho, con locura, con desentendimiento, pero sobre todo con sinceridad.
Nuestra historia comenzó tres años atrás, cuando yo tenía unos 19 años. Estudiaba publicidad en Belgrano, y el trabajaba en el mismo lugar, vivíamos relativamente cerca, o eso pensaba yo, ya que a diario viajábamos juntos. A diario cruzabamos miradas. A diario sentía que algo iba a pasar entre nosotros. El tenía (tiene) cinco años más que yo, y hacía sus prácticas docentes en mi facultad. En ese momento mi vida giraba en torno a el trabajo, el estudio y la música, lo último en primer lugar. Cantaba desde muy chica, pero hacía muy poco tiempo me había dado a conocer, y últimamente mi vida era eso, shows en bares precarios, teatros no conocidos, pero cómodos, en los que la gente no me hacía sentir rechazada. Me sentía bien con mi vida, con como estaba llevando todo, hasta que él irrumpió en mi orden. En fin, empezamos a conocernos y a salir muy seguido. Debo decir que adoraba el echo de estar con él, era simplemente lo que necesitaba, me encantaba salir a lugares desconocidos, perdernos por la ciudad, me encantaba su forma de ser, de actuar, me encantaba como me trataba, me gustaba verlo dormir.. pero núnca me di cuenta de que él no era para mi. Cuando una conoce a alguien no se pone a analizar si él va a ser el amor de tu vida, si son el uno para el otro, y si la relación va a funcionar.. uno vive lo que hay, disfruta de cada momento, es "feliz" a su manera, se deja llevar, digamos.
Luego de ocho meses de relación, algo en mi había cambiado, creo que en todas las relaciones es así, al principio se vive en extremo, se disfruta todo, te gusta todo de la otra persona, pero con el paso del tiempo, ese "algo" se va desgastando, y en mi había sucedido demasiado rápido. De repente me encontraba cenando en un lugar que no me gustaba, me veía con una persona que no sentía para mi, nos escuchaba, y no nos sentía una pareja consolidada (y me asustaba), pero en fin, pensé que era una etapa, que se me pasaría, y seguí como si nada con mi/nuestra vida, aunque él notaba que yo estaba cambiando.
Ambos seguimos con completa normalidad, yo iba a la facultad todas las mañanas, almorzábamos juntos, y luego cada uno iba a su trabajo. En ese entonces yo trabajaba en una editorial de una revista, lo que realmente me gustaba, había comenzado como una pasantía de estudio, y termino siendo mi salvación, en la editorial me desenvolvía con total tranquilidad, adoraba hacer lo que hacía, no lo encontraba para nada tedioso, todo lo contrario a la mayoría de las personas. Un día, buscando publicidad para la revista, me encontré con un hombre, de aproximadamente veintiseis años, el cuál, debo admitir, me llamó mucho la atención. Se llamaba Tomás, tenía ojos verdes (mi perdición), castaño, y un encanto indescriptible. Comenzamos la "reunión" hablando de trabajo, él era dueño de una inmobiliaria, heredada por su padre, y todas los meses publicaba avisos en la revista, por lo cuál era un cliente que ya conocía, pero siempre habíamos tratado por teléfono, y esta era la primera vez que lo veía luego de meses de trabajo. Resulto ser, que el señorito, Tomás, también era músico, y terminamos hablando de sus trabajos y los míos, algo que ambos teníamos algo abandonados a causa del trabajo y la vida en general, y él me propuso juntarnos alguna vez a tocar juntos. La idea sonaba encantadora, y se notaba a kilómetros que había mucha química entre nosotros, que ese juntarnos, iba a terminar en mucho más, y yo que estaba confundidísima con mi relación, no pude ni procesar lo que pensaba, y dije que sí al instante (¿mala idea?), continuamos hablado por un largo rato, hasta que ambos tuvimos otras cosas que hacer, y nos despedimos. El se levantó y cuando estiró la mano para saludarme, y yo avancé y le di un beso en el cachete, fué por inhercia, no pensé lo que había echo, y cuando me acerqué a él, me causó una sensación que hacía demasiado no sentía, su perfume, su piel, y su poca barba, me dejaron tarada. Esa misma noche, cuando volvía a mi departamento, con música en mis oidos, como siempre, no podía parar de pensar, en todo, en mi relación con Juan, la cuál se me estaba yendo de las manos, en lo que sentí por Tomás, en que tenía que preparar un parcial de Dirección del Arte, que en una semana cumplía veinte años, y en un poco más, un año con Juan.
El fin de semana llegó, y con él un pequeño viaje con mis dos mejores amigas de la vida, al campo, a visitar a mis viejos. Durante en viaje tuve que sincerarme con ellas, las hermanas que núnca tuve, y les conté lo que me pasaba últimamente, y también lo del nuevo individuo. Me aconsejaron, como siempre, para mi bien personal. Pasamos un finde genial, como en los viejos tiempos, cuando no teníamos ocupaciones ni parejas, nos divertimos, y también disfruté mucho con mis papás, quienes hacía dos años ya que se habían ido a vivir allá. Mi papá estaba enfermo hacía tiempo, y los disturbios de la ciudad, no ayudaban para nada. Los tres nos pusimos de acuerdo, y ellos partieron y se fueron a vivir al campo. En fin, cuando volvimos, Juan estaba ahí esperándome como siempre, con amor sincero, con alegría, y haciéndome querer quedarme con él de por vida. Eso era lo raro del asunto, me desvivía por él, lo amaba, eso era seguro, pero de repente no aceptaba la idea de ese "nosotros" que tanto me encantaba otras veces. Esa semana, tuvimos algo que no teníamos hacía tiempo, nos reímos mucho, se quedó la mayor parte de los días a dormir conmigo, y me sentía muy bien con eso, en ese instante deseé que mi vida se congelara por un ratito, para seguir sintiendo un poco más esa felicidad, porque, ya saben, cuando todo está demasiado bien, quiere decir que algo malo se aproxima, o asi fué siempre en mi vida. La semana siguiente yo debía ver a Tomás una vez más por trabajo, y habíamos quedado en luego juntarnos a tocar. Lo que encontré en él, fue seguridad, entendimiento, algo inexplicable, pero real. Sabía que me estaba equivocando, pero me dejé llevar, y terminé durmiendo con él. Más allá de mi error estaba muy tranquila, y algo inusual, me quedé dormida. Me despertó en la mitad de la noche un llamado. Mi papá había fallecido. En ese momento, me sentí un asco, me sentí una mentira, me sentí una persona que no era, una mierda. Sin poder pensar, razonar, ni nada que se le pareciera, me fuí, busqué a mis amigas, le avisé a Juan, y partí hacia el pueblo. Ese viaje fue lo peor de mi existencia, yo ocupada en mi vida, descuidé mi relación con mi viejo, por mi capricho, por mi sentir, no me di cuenta de lo que estaba pasando. Me culpé, lloré hasta deshidratarme, tragé miles de lágrimas saladas, y no podía emitir palabra alguna. Luego del entierro me sentía totalmente perdida, cuando llegó Juan a mi rescate. La capacidad que tenía ese hombre de calmarme, era increíble, con él me sentía a salvo, pero esta vez me sentía una completa extraña. No podía mentirle así, no podía ser tan caradura de esconderle lo que había echo, y más siendo yo, y más siendo él. Si no abrí la boca, fue porque sabía que si lo hacía, no iba a poder parar de llorar núnca más. Pero fuí tan tonta, tan tonta.. Juan, mi Juan, fué la única persona que estuvo conmigo noche y día, me contuvo, me abrazó, fue mi sombra sin importar nada, y yo, la estúpida, la ciega, la inútil, había sido la peor mierda existente, en la primer crisis, hice las cosas sin pensar, y ¿que iba a pensar? ¿que Tomás iba a estar en ese momento? No, señores y señoras, Tomás desapareció de mi vida.
Dos meses luego de la muerte del hombre de mi vida, tuve que contarle la verdad a Juan, no podía seguir escondiendoselo. No reaccionó como esperaba, simplemente me miró, se le cayó una lagrima, me besó la frente, y se fue. Por semanas lo busqué desesperada, había desaparecido de la faz de la tierra, y volví a deshidratarme de llanto, de culpa, de amor. Pero eso no lo hizo volver, parecía que nada iba a funcionar, y tenía la razón absoluta, pero necesitaba verlo, tenerlo, sentirlo junto a mi, pero lo veía prácticamente imposible. La idea de mi vida sin Juan y sin mi papá me estaba desesperando. Los dos hombres más importantes de mi vida se habían ido, y aparentemente, para siempre.
Un mes duró mi vacío absoluto, nadie se puede imaginar mi estado en esos días. A diario mis amigas me visitaban, pero eso no arreglaba lo que sentía, era como que en ningún lugar me sentía totalmente cómoda, no me encontraba a mi misma en ningún espejo, estaba ausente, era menos que cero, la tristeza me había consumido.. hasta que una tarde Juan apareció en mi departamento. Sin aviso alguno vino, y me devolvió a mi misma mi propia vida. Se quedó conmigo un buen rato, me perdonó, y me dijo que no podía vivir sabiendo que yo estaba así, que me amaba como siempre, y que aunque ahora todo sería diferente, él iba a estar para mí, por mucho que le hubieran dolido mis actitudes.
Nuestras vidas continuaron, juntos, y se podría decir que hasta mejor que antes. Pasaron unos meses y volví a sentir esa sensación, de que nuestras vidas no se pertenecían, sinceramente me sentía fuera de mi misma, sabía que él era lo único que necesitaba, pero.. y si ya no lo amaba? ¿Si se había convertido en una costumbre? Pensamientos absurdos, en mi cabeza estúpida, como podía pensar eso, me negaba a imaginar que eso sucedía, eliminaba esos pensamientos así como llegaban a mi. Pero no fue suficiente. Últimamente sentía a Juan más como un hermano, que mi pareja, lo quería muchísimo, pero no de esa manera, estaba encerrada en mi propia vida, pero no había manera en que le dijera eso. Había soportado demasiado de mi, no podía decirle que no quería continuar con nuestra relación, no era justo. Y entonces comenzaron las peleas..
Luego de ocho meses de relación, algo en mi había cambiado, creo que en todas las relaciones es así, al principio se vive en extremo, se disfruta todo, te gusta todo de la otra persona, pero con el paso del tiempo, ese "algo" se va desgastando, y en mi había sucedido demasiado rápido. De repente me encontraba cenando en un lugar que no me gustaba, me veía con una persona que no sentía para mi, nos escuchaba, y no nos sentía una pareja consolidada (y me asustaba), pero en fin, pensé que era una etapa, que se me pasaría, y seguí como si nada con mi/nuestra vida, aunque él notaba que yo estaba cambiando.
Ambos seguimos con completa normalidad, yo iba a la facultad todas las mañanas, almorzábamos juntos, y luego cada uno iba a su trabajo. En ese entonces yo trabajaba en una editorial de una revista, lo que realmente me gustaba, había comenzado como una pasantía de estudio, y termino siendo mi salvación, en la editorial me desenvolvía con total tranquilidad, adoraba hacer lo que hacía, no lo encontraba para nada tedioso, todo lo contrario a la mayoría de las personas. Un día, buscando publicidad para la revista, me encontré con un hombre, de aproximadamente veintiseis años, el cuál, debo admitir, me llamó mucho la atención. Se llamaba Tomás, tenía ojos verdes (mi perdición), castaño, y un encanto indescriptible. Comenzamos la "reunión" hablando de trabajo, él era dueño de una inmobiliaria, heredada por su padre, y todas los meses publicaba avisos en la revista, por lo cuál era un cliente que ya conocía, pero siempre habíamos tratado por teléfono, y esta era la primera vez que lo veía luego de meses de trabajo. Resulto ser, que el señorito, Tomás, también era músico, y terminamos hablando de sus trabajos y los míos, algo que ambos teníamos algo abandonados a causa del trabajo y la vida en general, y él me propuso juntarnos alguna vez a tocar juntos. La idea sonaba encantadora, y se notaba a kilómetros que había mucha química entre nosotros, que ese juntarnos, iba a terminar en mucho más, y yo que estaba confundidísima con mi relación, no pude ni procesar lo que pensaba, y dije que sí al instante (¿mala idea?), continuamos hablado por un largo rato, hasta que ambos tuvimos otras cosas que hacer, y nos despedimos. El se levantó y cuando estiró la mano para saludarme, y yo avancé y le di un beso en el cachete, fué por inhercia, no pensé lo que había echo, y cuando me acerqué a él, me causó una sensación que hacía demasiado no sentía, su perfume, su piel, y su poca barba, me dejaron tarada. Esa misma noche, cuando volvía a mi departamento, con música en mis oidos, como siempre, no podía parar de pensar, en todo, en mi relación con Juan, la cuál se me estaba yendo de las manos, en lo que sentí por Tomás, en que tenía que preparar un parcial de Dirección del Arte, que en una semana cumplía veinte años, y en un poco más, un año con Juan.
El fin de semana llegó, y con él un pequeño viaje con mis dos mejores amigas de la vida, al campo, a visitar a mis viejos. Durante en viaje tuve que sincerarme con ellas, las hermanas que núnca tuve, y les conté lo que me pasaba últimamente, y también lo del nuevo individuo. Me aconsejaron, como siempre, para mi bien personal. Pasamos un finde genial, como en los viejos tiempos, cuando no teníamos ocupaciones ni parejas, nos divertimos, y también disfruté mucho con mis papás, quienes hacía dos años ya que se habían ido a vivir allá. Mi papá estaba enfermo hacía tiempo, y los disturbios de la ciudad, no ayudaban para nada. Los tres nos pusimos de acuerdo, y ellos partieron y se fueron a vivir al campo. En fin, cuando volvimos, Juan estaba ahí esperándome como siempre, con amor sincero, con alegría, y haciéndome querer quedarme con él de por vida. Eso era lo raro del asunto, me desvivía por él, lo amaba, eso era seguro, pero de repente no aceptaba la idea de ese "nosotros" que tanto me encantaba otras veces. Esa semana, tuvimos algo que no teníamos hacía tiempo, nos reímos mucho, se quedó la mayor parte de los días a dormir conmigo, y me sentía muy bien con eso, en ese instante deseé que mi vida se congelara por un ratito, para seguir sintiendo un poco más esa felicidad, porque, ya saben, cuando todo está demasiado bien, quiere decir que algo malo se aproxima, o asi fué siempre en mi vida. La semana siguiente yo debía ver a Tomás una vez más por trabajo, y habíamos quedado en luego juntarnos a tocar. Lo que encontré en él, fue seguridad, entendimiento, algo inexplicable, pero real. Sabía que me estaba equivocando, pero me dejé llevar, y terminé durmiendo con él. Más allá de mi error estaba muy tranquila, y algo inusual, me quedé dormida. Me despertó en la mitad de la noche un llamado. Mi papá había fallecido. En ese momento, me sentí un asco, me sentí una mentira, me sentí una persona que no era, una mierda. Sin poder pensar, razonar, ni nada que se le pareciera, me fuí, busqué a mis amigas, le avisé a Juan, y partí hacia el pueblo. Ese viaje fue lo peor de mi existencia, yo ocupada en mi vida, descuidé mi relación con mi viejo, por mi capricho, por mi sentir, no me di cuenta de lo que estaba pasando. Me culpé, lloré hasta deshidratarme, tragé miles de lágrimas saladas, y no podía emitir palabra alguna. Luego del entierro me sentía totalmente perdida, cuando llegó Juan a mi rescate. La capacidad que tenía ese hombre de calmarme, era increíble, con él me sentía a salvo, pero esta vez me sentía una completa extraña. No podía mentirle así, no podía ser tan caradura de esconderle lo que había echo, y más siendo yo, y más siendo él. Si no abrí la boca, fue porque sabía que si lo hacía, no iba a poder parar de llorar núnca más. Pero fuí tan tonta, tan tonta.. Juan, mi Juan, fué la única persona que estuvo conmigo noche y día, me contuvo, me abrazó, fue mi sombra sin importar nada, y yo, la estúpida, la ciega, la inútil, había sido la peor mierda existente, en la primer crisis, hice las cosas sin pensar, y ¿que iba a pensar? ¿que Tomás iba a estar en ese momento? No, señores y señoras, Tomás desapareció de mi vida.
Dos meses luego de la muerte del hombre de mi vida, tuve que contarle la verdad a Juan, no podía seguir escondiendoselo. No reaccionó como esperaba, simplemente me miró, se le cayó una lagrima, me besó la frente, y se fue. Por semanas lo busqué desesperada, había desaparecido de la faz de la tierra, y volví a deshidratarme de llanto, de culpa, de amor. Pero eso no lo hizo volver, parecía que nada iba a funcionar, y tenía la razón absoluta, pero necesitaba verlo, tenerlo, sentirlo junto a mi, pero lo veía prácticamente imposible. La idea de mi vida sin Juan y sin mi papá me estaba desesperando. Los dos hombres más importantes de mi vida se habían ido, y aparentemente, para siempre.
Un mes duró mi vacío absoluto, nadie se puede imaginar mi estado en esos días. A diario mis amigas me visitaban, pero eso no arreglaba lo que sentía, era como que en ningún lugar me sentía totalmente cómoda, no me encontraba a mi misma en ningún espejo, estaba ausente, era menos que cero, la tristeza me había consumido.. hasta que una tarde Juan apareció en mi departamento. Sin aviso alguno vino, y me devolvió a mi misma mi propia vida. Se quedó conmigo un buen rato, me perdonó, y me dijo que no podía vivir sabiendo que yo estaba así, que me amaba como siempre, y que aunque ahora todo sería diferente, él iba a estar para mí, por mucho que le hubieran dolido mis actitudes.
Nuestras vidas continuaron, juntos, y se podría decir que hasta mejor que antes. Pasaron unos meses y volví a sentir esa sensación, de que nuestras vidas no se pertenecían, sinceramente me sentía fuera de mi misma, sabía que él era lo único que necesitaba, pero.. y si ya no lo amaba? ¿Si se había convertido en una costumbre? Pensamientos absurdos, en mi cabeza estúpida, como podía pensar eso, me negaba a imaginar que eso sucedía, eliminaba esos pensamientos así como llegaban a mi. Pero no fue suficiente. Últimamente sentía a Juan más como un hermano, que mi pareja, lo quería muchísimo, pero no de esa manera, estaba encerrada en mi propia vida, pero no había manera en que le dijera eso. Había soportado demasiado de mi, no podía decirle que no quería continuar con nuestra relación, no era justo. Y entonces comenzaron las peleas..



